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martes, 8 de agosto de 2017

Mitos Shuaras

La etnia Shuar se asienta entre los territorios de Ecuador y Perú, cuentan con un número aproximado de 80000 individuos de los cuales tan solo 35000 hablan su lengua, es así que más del 50%  hablan español. Su lengua madre es el shuar chicham emparentado con el huambisa del Perú.

Gracias a la labor del padre Siro M. Pellizzaro se ha podido recopilar y registrar una serie de leyendas y mitos de la cultura Shuar. Dicha labor, nada sencilla, fruto de la investigación y traducción del shuar chicham al español ha dado como resultado esta curiosa y llamativa mitología shuar.    

EL UNIVERSO


Los Shuar creen que la tierra es una inmensa isla en la cual viven los hombres en continuas dificultades y guerras, molestados por antepasados maléficos, llamados Iwanchi, los cuales buscan todo tipo de placer terrenal ya que no pueden ir al cielo.

 La tierra limita con el abismo y está rodeada por el cielo que separa las aguas infinitas de la atmósfera, vital para los animales.  

El cielo es una extensión inmensa de planicies fertilísimas, habitada por los dioses y los hombres que gozan de todo bien. Antiguamente todos los hombres podían disfrutar de la felicidad del cielo, porque podían subirse por un bejuco que desde las plantas del cielo colgaba hasta llegar a la Tierra.
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Debajo de la Tierra vive el pueblo de Nunkui, creadora de las plantas del cielo y de la tierra.  
En el cielo de arriba vive el pueblo de las Atsut, mujeres misteriosas, el pueblo de los Ya (Estrellas), hombres bienaventurados que subieron al cielo sin morir. Los pueblos de los Arutam, antepasados justificados y dioses protectores de la familia, descansan en el cielo de abajo y se comunican con los vivientes que los suplican, por medio de una puerta que hay debajo de las cascadas de los ríos. Solo Ayumpum el primer Arutam, vive en el cielo de arriba observando a los hombres e impidiendo las guerras con sus rayos.  

Etsa (el sol) y Nantu (la luna) observan el mundo de arriba y de abajo recorriendo todos los días sus caminos. Nadie puede acercarse al sol porque se quema.  El sol es el Dios fuerte y austero que mal-  dice a los hombres si no cumplen con sus mandatos.  Por las faltas de los hombres, entre en el mundo la guerra, la muerte, la fatiga y todo mal. Muchas de las plantas y de los animales eran seres humanos. Fueron castigados por sus faltas. Antiguamente estos seres dialogaban con los hombres, pero los Uwishin (brujos) con sus maleficios, quitaron toda comunicación con el mundo misterioso. 

TSUNKI INUNDA LA TIERRA

Tsunki es un ser misterioso de genero común que vive en las aguas, dentro de las peñas. Para comunicar su vida y sus poderes a la humanidad, tomo la forma de una hermosísima mujer, ganándose el corazón de un hombre casado.  

Este, para evitar los celos de su esposa, se la llevó a la casa, escondiéndola en su pitiak (canasto impermeable con tapa), transformada en una culebra llamada Titinknapi, Las noches las pasaba junto a ella. La envolvía en una capa de agua para que no la descubrieran. Cuando salía de caza, prohibía severamente a los familiares abrir el pitiak. 


Pero un día su primera esposa abrió el canasto y, al salir la culebrita, la persiguió con un tizón para matarla.  

Entonces se oscureció el cielo, tembló la Tierra y los ríos inundaron los valles con sus aguas turbulentas y cubrieron las altas montañas.  

La humanidad entera sucumbió y fue devorada por los monstruos de los abismos. Solo se salva el esposo de Tsunki can su hija mayor subiéndose, a la palmera más esbelta de una alta montaña.  Así, por la desobediencia y la curiosidad de su mujer, Tsunki, no pudo tener descendencia en los hombres, ni comunicar sus poderes divinos.  Cuando los pescadores le suplican en las orillas de los ríos, suele conceder pescado suficiente para que alimenten a sus hijos. 

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