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martes, 3 de octubre de 2017

Cabeza de Gallo



Sobre la colina cerníase una diabólica tormenta de  vitalidad. Entre las parvas de bagazo rojizo y los galpones embanderados, entre el olor de la tierra recalentada y las emanaciones de los toneles, la plaza ardía como un horno encendido la  víspera. Oíanse disparos de pólvora vana. Grandes globos de  colores cabeceaban en el aire; a veces, una racha de viento les  hundía los flancos y derivaban peligrosamente como criaturas  golpeadas en el abdomen.
 Ignoraba a dónde iba y con quiénes estaba. Todos constituíamos  una gran familia enajenada, rodeada de vapores y espejismos. Las  vociferaciones, los cánticos, y el estrépito metálico de las bandas, de  música, nos volcaban en el centro de una barahúnda boba, surcada  por sacudidas de mecánica cordialidad. El aire resonaba y refulgía  en torno a nosotros y alguien daba disparatadas vueltas al manubrio  de esta máquina de sonidos y visiones. De un momento a otro, íbamos a ser paridos estruendosamente sobre un mundo encendido  por los cuatro costados. La atmósfera como una matriz gigantesca  empezaba a contraerse y sus musculosas paredes exprimían nuestros  cuerpos hasta convertidos en guiñapos. Era aterradoramente bello  ser batido y molido con los dioses y las nubes, los caballos, las mulas y las cañas y los toneles y las tiendas de colores que crujían, y olvidar todos los límites dentro de aquel fluctuante cataclismo, mar  de formas y percepciones. A ratos llegábamos al infinito y volvíamos repelidos por las cascadas del océano universal, tan parecido  a un baño de cieno caliente. Los jinetes, ya borrachos, atravesaban la plaza con sus caballos encintados, y nos golpeaban sin causarnos daño. Todos los peligros se tornaban curiosamente blandos  dentro de la holgada y calurosa cavidad de la fiesta: una entrañable demencia les quitaba el poder de herir. En cierto momento  apreté los dientes para no ahogarme y logré recordar que me hallaba en medio del carnaval de la colina de Barriovientos. Experimenté entonces una punzante extrañeza a causa de mi propia  reflexión, pues allí sólo había sitio para esa cosa inaudita que es  la vida recalentándose dentro de la gran vasija del aturdimiento.  y no sé cómo me vi en una de las esquinas de la plaza, junto al  hombre encargado de elevar los globos. En ese instante hinchaba con humo de chamizas un gran globo elíptico sobre el que estaba pintada una custodia con sus rayos de oro. En el centro  de la base, a dos palmos del suelo, ardía una bola de estopa que  mandaba el aire caliente al interior del globo. Las superficies vibraban y crujían contra el viento. Cuando estuvo lleno ya punto lo levantó hasta la altura de su rostro, le imprimió un movimiento circular, y el globo partió cabeceando hacia la altura.  En medio del resplandor de la mañana, las llamas errantes.  Se volvían invisibles, pero aunque sus lenguas eran absorbidas  por la luz del sol, no perdían su fuerza ascensional y las huecas  figuras se empequeñecían cada vez más y tomaban los rumbos  más caprichosos. Algunas, súbitamente desventuradas por una  espada de fuego, se precipitaban como guiñapos lacios en la lejanía, en tanto que otras eran arrastradas hacia los bosques  o caían cerca de una casa perdida en el campo, o terminaban  de arder sobre un tejado ante el sobresalto de los mayores y el  asombro de los niños.
Seguí el globo en que iba pintada la custodia y llegué a una pequeña explanada en la que un grupo de personas rodeaba a un  campesino encorvado en la tarea de cavar un hoyo. A su lado, una  mujer sostenía un hermoso gallo de plumas aceradas, brillantes,  y de vistosa cresta.
La embriaguez de las primeras horas se evaporaba de mi cabeza y me dejaba en un estado de estupor que me obligaba a contemplar todas las cosas como si ocurrieran en una atmósfera imposible de compartir y al mismo tiempo, inevitablemente ligada a mi conciencia.  
Con su mano en forma de cuchara, el campesino acabó de extraer los últimos terrones del hoyo y pidió el gallo a la mujer. El ave, con las alas plegadas, estaba envuelta en un trapo de colores.
Las patas amarillas salían por debajo del trapo, atadas con una fibra de cabuya. El hombre lo tomó y le enterró dejándole fuera únicamente la cabeza, en torno a la cual apelmazó la tierra golpeando con el puño.
Las risas y las exclamaciones ahogaban los cloqueos del gallo, pero sus ojos, como dos gotas de cristal, miraban enloquecidos  a todas partes.
El campesino limpió el cascajo sobrante de los lados y contempló satisfecho su obra. A ras de tierra brotaba una matita extrañamente insólita: un tallo erizado de plumas, una flor viva que se desesperaba por arrancarse del suelo.
Un muchacho gigantesco y flaco, de largos brazos huesudos, empezó a golpear las manos por encima del grupo. El que capitaneaba la diversión le vendó los ojos con un pañuelo, y otro le proveyó de un palo nudoso, de unos dos metros de largo.
Le condujeron a cierta distancia del grupo y le obligaron a dar varias vueltas sobre sí mismo, en tanto que recitaban una absurda letanía lugareña.
A continuación, le abandonaron todos a un tiempo y se alejaron de puntillas, a fin de despistarle acerca del lugar que escogían para contemplar el desarrollo de la acción.
El muchacho vendado apoyó el palo a modo de bastón, elevó la mano izquierda y recorrió con ella la atmósfera varias veces, sobre su cabeza, esforzándose por orientarse hacia el lugar en que brotaba del suelo la cabeza del gallo.
De pronto, se volvió con viveza.
Había oído una pequeña risa reprimida y ese detalle le dirigió.
A continuación, rieron todos los del grupo y le alentaron con palabras a seguir el camino que había tomado.
Empezó a avanzar tanteando el suelo con el palo, que ahora aferraba con ambas manos.
Un muchacho, desprendiéndose del grupo, se adelantó con gran sigilo y colocó un pedazo de mazorca de maíz en el trayecto del vendado. Éste descubrió la mazorca con la punta del palo, y creyendo que había alcanzado la cabeza del gallo, elevó derechamente el garrote. Cuando lo tuvo vertical sobre sí mismo, tomó una larga aspiración, la retuvo y en seguida descargó un golpe tan feroz que hizo pedazos la mazorca y aventó los granos en todas direcciones,
Todos estallaron en horribles carcajadas. El garrote volvió a elevarse buscando direcciones en el aire. Se orientaba como una aguja. Un cloqueo furtivo semejante a una burbuja que se rompe, le dio el indicio decisivo.
Ahora avanzaba derecho. Cuando la cabecita coronada de crestas rojas estuvo al alcance del garrote, una mujer lanzó un chillido nervioso. El vendado bajó el palo y empezó a rastrear el suelo con el extremo, sensible como un dedo. De pronto, el gallo se sintió tocado y emitió un quejido de sorpresa. En el pico entreabierto la lengua le palpitaba con afilado vaivén.
Ahora sí, el palo se elevaba contra el cielo, absorbiendo toda la energía y la maña de los brazos del vendado. De repente, descendió relampagueante.
El grito de los espectadores reventó con violencia y terminó en un murmullo de mal humor. El vendado había errado el golpe.
En ese instante por detrás de un corte del terreno, apareció un muchacho con los ojos desorbitados, y gritó:
-¡Favor! ¡Se quema la iglesia!
Hubo un segundo de parálisis. El silencio dio una vuelta completa alrededor de sí mismo. En seguida, un grito único se arrancó de las lenguas y todos corrieron hacia la plaza.
El pañuelo que había servido de venda, todavía anudado, cayó cerca de la cabeza del gallo.
Yo fui acercándome a él. Ambos estábamos alegres de que todos se hubieran marchado y de que ardiera la iglesia.
Movió la cabecita de derecha a izquierda y con una atención conmovedora, sus ojos de rubí reunieron la inmensidad.
¡Sentirse sepultado vivo y no poder aletear ya nunca ni estirar la pata con el espolón bajo la ala desplegada!
Lanzó un cloqueo de asombro y sacudió la cabecita. Miré hacia donde él miraba y vi a la gallina Clara-legar salir de entre la alfalfa. Venía preocupadísima. Llegó junto al enterrado, pero no pudo decirle nada en el primer momento. Un cloqueo oscuro le hirvió en el buche y la garganta sin acertar a salir. Era angustia con olor a maíz tibio y a gorgojos.
Clara-legar ladeó la cabeza como cuando empollaba acostada en el nido, y con delicada atención escuchó el bullidor espacio en el que se forman los puntos que pugnan por convertirse en pollos.
Picoteó el suelo en torno al cuello del enterrado, y sus patas escamosas, no muy aseadas, empezaron a escarbar nerviosamente.
Esa fue la señal.
Comprendiendo que los jugadores podían volver, me apresuré a libertar al ave. A poca distancia vi la barreta del campesino y removí con ella la tierra apelmazada en torno al enterrado. En pocos minutos éste estuvo fuera. Lo libré de la mortaja y le desaté las patas amarillas.
En el primer momento, amortiguado el cuerpo por el entierro, cayó sobre el flanco izquierdo y quedó así, latiendo y acezando unos segundos. Por fin se incorporó y se sacudió aparatosamente haciendo rebullir varias veces todas las plumas.
Cuando las aves se alejaron, una gran pluma de fuego ascendió a través de los árboles.
Bajé. La fiesta se había inmovilizado. De todas partes acudían hacia la iglesia nueva curiosos, pero ahora sus rostros tenían un vago aspecto de espanto. El aire de jolgorio se había cambiado en malestar. Se desparramaba un humo ancho y negro con olor a cera de altar y a trapo viejo. A causa del sol no se veían las llamas, pero el calor que se difundía era un indicio de la gravedad. Todas las puertas de la iglesia estaban abiertas y temblaban y la gente apiñada en torno dejaba arder el interior sin poder intervenir en nada. Nadie tenía una gota de agua por esos contornos, y sólo un río angurriento, sin sonido, era visto abajo, serpeando despacito por el fondo de una gran quebrada.
Cuando el incendio empezó a morder el altar compuesto en lo alto con la imagen crucificada del Patrón de la Fiesta, la gente cayó de rodillas murmurando y clamando un milagro. Pero no ocurrió nada.
En poco tiempo las llamas devoraron todo lo que encontraban, con furia ruidosa y desmelenada. Y sólo quedaron algunos escombros ralos, que al poco rato, caían como tizones negros.

Yo fui de los primeros en entrar en el recinto humeante de la iglesia. Todo era ceniza y mamarrachos carbonizados. Pero cuando llegamos al lugar en que había caído el altar del Patrón de la Fiesta, entre los escombros renegridos y los adornos quemados, vimos el cuerpo del crucificado, que sin brazos ni piernas, apenas había sido tocado por el fuego. Su rostro, manchado de ceniza y envuelto a medias en un jirón de cortinaje púrpura que no había llegado a consumirse, adquiría un punzante aspecto de gallo de riña maltratado y sangrante sobre el suelo sucio y descompuesto del combate. Y de pronto, sus ojos de vidrio inertes y anhelantes, me recordaron vagamente los ojos diminutos y vidriosos de alguien a quien aquella misma tarde, había visto mirarme desesperadamente.


Colección “Cuarto creciente”, Campaña Eugenio Espejo 2001-2009, Quito-Ecuador 

jueves, 24 de agosto de 2017

Tres caballeros andantes de la lengua española



Preferencia por términos extranjeros, malos usos de la lengua en periodistas y comunicadores, y asesinos a sueldo cotidianos de la lengua; han sido una constante a lo largo del tiempo contra quienes han arremetido con humor y sapiencia los caballeros versados en el campo de las letras.
Darío Villanueva, director de la Rae, ha criticado reiteradas veces el uso extendido de palabras provenientes del inglés en detrimento de las españolas, fenómeno que se ha puesto de moda en los ámbitos de la tecnología, las redes sociales y la publicidad, lo que considera un “papanatismo lingüístico”. ¿Y quién no repudia el llegar al extremo al cambiar palabras españolas innecesariamente por inglesas? Es indiscutiblemente descabellado conmutar por ejemplo cuando por when, fenómeno carente de humor y cargado de pereza mental, escribir una sola sílaba en lugar de dos.  

Es curioso y a la vez cómico que dicho fenómeno no es nada nuevo, hace más o menos ciento veintiocho años Francisco José Orellana, un intelectual polifacético, también español, arremetía con severidad contra el “vulgo” a quienes dedica su obra “Vocabulario de disparates o Zizaña del lenguaje”.  En esta obra cargada de ironía pone de manifiesto la preferencia por parte del hablante de palabras provenientes del francés.  Veamos varios ejemplos:

ALIENADO, adj. sustantivado. (Galicismo). En castellano se llama demente al aliené de los franceses, y en término más vulgar, se llama loco. Podrá decirse enajenado (nunca alienado) del que accidentalmente padece de enajenación mental; del que delira por efecto de una perturbación pasajera del órgano cerebral.— Nuestra lengua es riquísima, como deben saberlo los señores médicos, que, por serlo, no están facultados para estropearla. Demente es el nombre genérico del que padece la locura; y según los grados y condiciones de esta enfermedad, se aplican al que la padece los nombres de maniático ó monomaniaco, alucinado, lunático, loco, frenético, delirante, furioso.   

AVALANCHA. (Francés puro.). En español se traduce: Alud, y también Lurte.

A MEDIAS, en sustitución de medio…, es disparate, que huele á francés; como cuando se dice: “Estaba dormido á medias.” Será “medio dormido,” “soñoliento,” “dormitando.” Las cosas á medias no se pueden hacer por uno sólo; se hacen entre dos.

BOATA. (Del francés: Ouate.) Si la docta Academia de la Lengua durmiese un poquito menos, ya nos habría dado una palabra, que no tenemos, en equivalencia de ésta, con la que se designa el algodón extendido entre dos capas de goma, que sirve para acolchar. La palabra boata no, me satisface, ni tampoco guata, que dicen en Cataluña; pero como la cosa existe, y existiendo, hay que darle un nombre en castellano, creo que sería lo mejor llamarla huata.

DESVANECERSE, DESVANECIDO. Del francés, s’évanouir, évanoui. — En lugar de: Desmayarse, desmayado. Este galicismo es insoportable; porque desvanecerse significa disiparse, evaporarse una cosa; Irse el color; y también infatuarse, hincharse de vanidad. Por ejemplo, he visto impreso: “Rochefort, que no había probado bocado desde la víspera, se desvaneció de debilidad.” Figuraos un hombre como un castillo, que se volatiliza por no haber comido en un día. Que se desmayase, no tiene nada de particular; pero ¡desvanecerse!


Nadie escapa al látigo lingüístico de Orellana, gente de a pie, comunicadores, médicos y catedráticos de la Rae. Por otra parte, Orellana nos da una idea en su diccionario de las palabras que en su época nacían entre los hablantes, préstamo del francés y que finalmente en nuestra época siguen utilizándose. Lo que ocurre hoy con el inglés ocurrió en el siglo XIX con el francés.   

Lázaro Carreter al igual que Orellana y Villanueva ha sabido luchar con denuedo y gallardía en las justas lingüísticas ante caballeros lenguaraces. Colaboró constantemente en algunos periódicos españoles como “El País” con su columna de critica “El dardo de la palabra” la que dio forma a un libro extenso del mismo nombre, recopilatorio de todos sus artículos agudos, ingeniosos y cargados de humor ante usos y aspectos del lenguaje. A continuación, un extracto del uso del prefijo super (anglicismo) en lugar de adverbios de cantidad para los grados superlativos de los adjetivos.   

Leído en la carta de una lectora a su revista: "Hoy hace un año que murió mi Candy y estoy supertriste". Candy era una graciosa iguana, y eso podría haberlo escrito también un lector, porque super- es unisex; y ambos, idénticamente, podrían haber dicho que estaban superafligidos/as o superacongojados/as o superfastidiados/as, si hablaban en versión de cámara y si transcribimos tales sentimientos con repugnante estilo de circular ortosexual. (…)

(...)Entre ellos, super- puede crecerle a cualquier adjetivo (o sustantivo) y hay miles de hablantes que se sentirían desvalidos si no ornaran sus calificaciones con ese bubón: su ligue les parece superguay, gozan de una pareja muy supercálida, y aquella lectora halló a Candy en el terrario donde dormía supermuerta.(…)

Era, sin duda, un galicismo de moda, que, por ejemplo, aparecía aquel año en La Regenta, y que se estaba empleando para calificar a las gentes de sangre delicada y a sus cosas, por ejemplo, a los lenguados pequeños -no mayores de diez centímetros- que el cocinero Muro exaltaba en 1894 como superfinos.

Carreter es sin duda una conciliación entre el aprender y el reír sobre aspectos tan cotidianos como el uso incorrecto de prefijos en lugar de adverbios, tan común a diario, lo que nos recuerda el no tan distante uso abusivo del sufijo -azo en cierta época en la región y que aún persiste, “¡qué locazo! ¡buenazo! ¡igualazo! que tuvo promoción por parte de los medios de comunicación ¡golazo! ¡cacerolazo! Y que hizo mella en los usuarios huérfanos de glosario.

Estos tres caballeros andantes que por espada esgrimen su pluma y por adarga y armadura poseen un sólido conocimiento de la lengua, a pesar de recibir críticas por su labor del cuidado de la lengua, merecen su respectivo reconocimiento en la áspera misión de corrección al hablante, quien usa la lengua pero no repara en sus errores. 

sábado, 19 de agosto de 2017

Club de lectores de todos los niveles

martes, 8 de agosto de 2017

Mitos Shuaras

La etnia Shuar se asienta entre los territorios de Ecuador y Perú, cuentan con un número aproximado de 80000 individuos de los cuales tan solo 35000 hablan su lengua, es así que más del 50%  hablan español. Su lengua madre es el shuar chicham emparentado con el huambisa del Perú.

Gracias a la labor del padre Siro M. Pellizzaro se ha podido recopilar y registrar una serie de leyendas y mitos de la cultura Shuar. Dicha labor, nada sencilla, fruto de la investigación y traducción del shuar chicham al español ha dado como resultado esta curiosa y llamativa mitología shuar.    

EL UNIVERSO


Los Shuar creen que la tierra es una inmensa isla en la cual viven los hombres en continuas dificultades y guerras, molestados por antepasados maléficos, llamados Iwanchi, los cuales buscan todo tipo de placer terrenal ya que no pueden ir al cielo.

 La tierra limita con el abismo y está rodeada por el cielo que separa las aguas infinitas de la atmósfera, vital para los animales.  

El cielo es una extensión inmensa de planicies fertilísimas, habitada por los dioses y los hombres que gozan de todo bien. Antiguamente todos los hombres podían disfrutar de la felicidad del cielo, porque podían subirse por un bejuco que desde las plantas del cielo colgaba hasta llegar a la Tierra.
Resultado de imagen para visiones primitivas de la tierra como isla
Debajo de la Tierra vive el pueblo de Nunkui, creadora de las plantas del cielo y de la tierra.  
En el cielo de arriba vive el pueblo de las Atsut, mujeres misteriosas, el pueblo de los Ya (Estrellas), hombres bienaventurados que subieron al cielo sin morir. Los pueblos de los Arutam, antepasados justificados y dioses protectores de la familia, descansan en el cielo de abajo y se comunican con los vivientes que los suplican, por medio de una puerta que hay debajo de las cascadas de los ríos. Solo Ayumpum el primer Arutam, vive en el cielo de arriba observando a los hombres e impidiendo las guerras con sus rayos.  

Etsa (el sol) y Nantu (la luna) observan el mundo de arriba y de abajo recorriendo todos los días sus caminos. Nadie puede acercarse al sol porque se quema.  El sol es el Dios fuerte y austero que mal-  dice a los hombres si no cumplen con sus mandatos.  Por las faltas de los hombres, entre en el mundo la guerra, la muerte, la fatiga y todo mal. Muchas de las plantas y de los animales eran seres humanos. Fueron castigados por sus faltas. Antiguamente estos seres dialogaban con los hombres, pero los Uwishin (brujos) con sus maleficios, quitaron toda comunicación con el mundo misterioso. 

TSUNKI INUNDA LA TIERRA

Tsunki es un ser misterioso de genero común que vive en las aguas, dentro de las peñas. Para comunicar su vida y sus poderes a la humanidad, tomo la forma de una hermosísima mujer, ganándose el corazón de un hombre casado.  

Este, para evitar los celos de su esposa, se la llevó a la casa, escondiéndola en su pitiak (canasto impermeable con tapa), transformada en una culebra llamada Titinknapi, Las noches las pasaba junto a ella. La envolvía en una capa de agua para que no la descubrieran. Cuando salía de caza, prohibía severamente a los familiares abrir el pitiak. 


Pero un día su primera esposa abrió el canasto y, al salir la culebrita, la persiguió con un tizón para matarla.  

Entonces se oscureció el cielo, tembló la Tierra y los ríos inundaron los valles con sus aguas turbulentas y cubrieron las altas montañas.  

La humanidad entera sucumbió y fue devorada por los monstruos de los abismos. Solo se salva el esposo de Tsunki can su hija mayor subiéndose, a la palmera más esbelta de una alta montaña.  Así, por la desobediencia y la curiosidad de su mujer, Tsunki, no pudo tener descendencia en los hombres, ni comunicar sus poderes divinos.  Cuando los pescadores le suplican en las orillas de los ríos, suele conceder pescado suficiente para que alimenten a sus hijos. 

miércoles, 26 de julio de 2017

Lingüística

Pequeña descripción lingüística del Ecuador


En los actuales territorios de Ecuador en época preincaica se habla de la ocupación de una etnia que se denominaba "Quitu" (Juan de Velasco -historiador-), de ahí el nombre de la actual capital.

PAÍS:
Ecuador
CAPITAL:
Quito
IDIOMA MAYORITARIO:
Español
NÚMERO DE HABITANTES:
15,868,000 (2015 World Factbook) frente a 16 298 217 (2015 proyección INEC)
LENGUAS EXTRANJERAS:
3 (alemán con 32000 hablantes, chino con 7000 e inglés con 65000).
LENGUAS AUTÓCTONAS
22 (Etnhologue) – 14 (FLACSO)
LENGUA MAYORITARIA AUTÓCTONA:
Quichua
TOTAL DE LENGUAS
17 - 25

Las ramificaciones de esta etnia primera son difíciles de establecer por las conquistas posteriores, pero los  topónimos que se conocieron en  la época de Velasco evidenciaban la falta de la /o/ en la pronunciación de la lengua que utilizaban.  

Además el padre Velasco  alude a cuatro momentos históricos importantes, para entender la antigüedad del Reino de Quito:
1) Desde el diluvio (referencia bíblica) a la conquista de los territorios por Carán Shyri  (año 1000).
2) Conquista de Huyna Cápac 500 años después (1487).
3) Conquista española 46 años después (1533).
4) Finaliza en 1550, año en que acaban las rencillas entre españoles.
A lado de este antiguo reino existieron otro cuatro reinos menores (Imbaya, Latacunga, Puruhá y Cañar) de los cuáles derivaban múltiples tribus extendidas por la parte norte, sur y la costa. Poblaciones extranjeras sometieron posteriormente a estos pequeños reinos como los Shyris y luego los Incas. 

Muchas etnias sobrevivieron a la conquista española unas influenciadas inevitablemente y otras aisladas por factores geográficos difíciles. El resultado es hoy en día un puñado de lenguas que se reparten por distintos puntos del país. A continuación se presentan algunos datos tomados de Etnhologue y Flacso en cuanto a su asentamiento y número de hablantes: 

ETNHOLOGUE:


FLACSO:


Hay que recalcar que las entidades encargadas del estudio de lenguas autóctonas son inexistentes en el país, Etnhologue recava datos más completos y a disposición de los interesados, sobre las lenguas indígenas no solo de Ecuador sino a nivel mundial; mientras que la universidad FLACSO, institución local y única en su preocupación por lenguas indígenas posee ciertas limitaciones.

El idioma con mayor número de usuarios entre las lenguas autóctonas de Ecuador es el Quichua con sus respectivas variantes, mientras que el idioma que está al borde de la extinción lo constituye el záparo  con un número de 200 hablantes según Etnhologue (2007) frente a 367 hablantes de los datos de FLACSO (Censo INEC).  

martes, 25 de julio de 2017

Pastillas de lengua

¿Qué idioma usamos castellano o español?



Por: Fabián Núñez Valverde

A cualquier regionalista latinoamericano se le podría ocurrir el no aceptar ni el español ni el castellano como nombre para su idioma y argumentar que el español de América es diferente y que por tanto habría que hablar de un “hispanoamericano”. Hoy en día así de risible suenan los rescoldos de la controversia en favor y en contra de cuál nombre es el más adecuado.     Hay que empezar por reconocer que ha existido una polémica en cuanto al nombre del idioma y que aún persiste con tintes políticos o regionalistas. Pero ¿qué dicen algunas autoridades y expertos al respecto?

“El castellano es la lengua española oficial del Estado. (...) Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas...” (Constitución española)

“En España, se usa asimismo el nombre castellano cuando se alude a la lengua común del Estado en relación con las otras lenguas cooficiales en sus respectivos territorios autónomos, como el catalán, el gallego o el vasco.” (DPD, RAE y Asociación de Academias de la Lengua Española)

 “Por "lengua española" entiendo aquella lengua que solemos hablar todos los españoles cuando queremos ser entendidos perfectamente unos de otros.” (Gregorio Mayans y Siscar quien fuera erudito, jurista, historiador, lingüista y polígrafo valenciano)

“Se llama lengua castellana (y con menos propiedad española) la que se habla en Castilla y que con las armas y las leyes de los castellanos pasó a América, y es hoy el idioma común de los Estados hispanoamericanos.” (Andrés Bello - Gramática de la lengua castellana)

Castellano “Lengua española, especialmente cuando se quiere distinguir de alguna otra lengua vernácula de España.”  (Acepción 9, DLE)

Y no olvidemos la célebre “Gramática de la lengua castellana" de Antonio de Nebrija.

En la actualidad ambos nombres son sinónimos, tanto español como castellano, para la lengua que usamos los 472 millones de hablantes y no puede ser de otra manera, no podemos decir que Nebrija debió ya colocar en su título “Gramática de la lengua española”, o acusar a Bello de insurrecto por arremeter contra “española”. También hay que tener presente que al hablar de riqueza idiomática es tener la posibilidad de decir lo mismo de varias formas, en este caso particular tener dos nombres para nuestra lengua, lengua que no tiene fronteras o desacuerdos políticos.  

domingo, 23 de julio de 2017

Pastillas de lengua

¿Cuántas personas hablan español en el mundo?

El número de personas que usan el español a nivel mundial es de 567 millones un 7.8 % de la población mundial.
Estos datos están respaldados en el informe presentado por el Instituto Cervantes en 2016 (El español una lengua viva), en donde se habla de una cifra de 472 millones de hablantes nativos. Por otra parte, otras fuentes como Ethnologue que menciona un número de 437 millones de hablantes, frente a datos de Nationalencyclopedin con 407 millones de hablantes de español.  El español se posiciona así en el segundo lugar por el número de hablantes nativos en el mundo, luego del chino mandarín y antes que el inglés.

Este número asciende al sumar el número de usuarios no nativos alrededor del mundo, esta cifra bordea según “El español una lengua viva” los 567 millones de hablantes (de quiénes habíamos hablado inicialmente) tomando en cuenta a nativos, estudiantes de español como segunda lengua y usuarios de competencia limitada. A continuación, los países fuera del ámbito hispanoamericano en donde se usa el español según la tabla presentada en su informe por el Instituto Cervantes en 2016.

Cuadro:  Hispanohablantes en países donde el español no es lengua oficial
Imagen cortesía de  Wikipedia que muestra geográficamente y por colores la estadística de los usuarios del idioma español. 

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